jueves, 20 de noviembre de 2008

Un marido sin vocación

Un otoño -muchos años atrás- cuando más olían las rosas y mayor sombra daban las acacias, un microbio muy conocido atacó, rudo y voraz, a Ramón Camomila: la furia matrimonial.
-¡Hay un matrimonio próximo, pollos! -advirtió como saludo a su amigo Manolo Romagoso cuando subían juntos al Casino y toparon con los camaradas más íntimos.
-¿Un matrimonio?
-Un matrimonio, sí -corroboró Ramón.
-¿Tuyo?
-Mío.
-¿Con una muchacha?
-¡Claro! ¿Iba a anunciar mi boda con un cazador furtivo?
- ¿Y cuándo ocurrirá la cosa?
-Lo ignoro.
-¿Cómo?
-No conozco aún a la novia. Ahora voy a buscarla...
Y Ramón Camomila salió como una bala a buscar novia por la ciudad.
A las dos horas conoció a Silvia, una chica algo rubia, algo baja, algo gorda, algo sosa, algo rica y algo idiota; hija única y suscriptora contumaz a La moda y laCasa (publicación para muchachas sin novio).

Y al año, todos los amigos fuimos a la boda. ¡La boda! ¡Bah!... Una boda como todas las bodas: galas blancas, azahar por todos lados, alfombras, música sacra, bimbas, sonrisas, codazos, almohadón para hincar las rodillas los novios y para hincar las rodillas los padrinos; lunch, sandwichs duros como un fiscal...

Al onzavo sandwich hubo una fuga súbita por la sacristía y un auto pasó raudo, y unos gritos brotaron:
-¡Adiós! ¡Adiós! ¡Vivan los novios! ¡Vivaaan!
Y los amigos cogimos otro sandwich -dozavo- y otra copita.
Y allí acabó la cosa.

Mas, para Ramón Camomila, la cosa no había acabado allí...

Al contrario: allí daba principio.

Y al subir con su novia al auto fugitivo, vio claro, vio clarísimo: ni amaba a Silvia, ni notaba inclinación ninguna al matrimonio, ni sintió su alma con la vocación más mínima por construir un hogar dichoso.
-¡Soy un idiota! -murmuró Ramón-. No valgo para marido, y lo noto cuando ya soy ciudadano casado...
Y corroboró rabioso:
-¡Soy un idiota!
Silvia, arrinconada junto a Ramón, bajaba los ojos con rubor, y al bajar los ojos subía dos mil grados la rabia masculina.
-¡Dios mío! -gruñía Ramón mirándola-. ¡Casado! ¡Casado con una niña insulsa como unas natillas!... No hay ya salvación para mí..., ¡no la hay!
Incapaz para dominar su irritación, dirigió unas palabras durísimas a Silvia.
-¡Prohibido fingir rubor y mirar a la alfombra! -gritó.
(Silvia miró al parabrisas con infantil docilidad).
Y Ramón añadió para su sayo, alumbrado por una brusca solución:
-Voy a lograr su odio. Voy a obligarla a suplicar un divorcio rápido. Poco valgo si
no logro inspirarla asco con cuatro o cinco burradas a cual más disparatada...
Y tal solución tranquilizó mucho a su alma.
Por lo pronto, al subir a la fotografía (visita clásica tras una boda), Ramón hizo la burrada inicial.
Un fotógrafo modoso y finísimo abordó a Ramón y a Silvia.
-Grupo nupcial, ¿no? -indagó.
-Sí -dijo Ramón.
Y añadió:
-Con una variación.
-¿Cuál?
-La sustitución más original vista hasta ahora... Novio por fotógrafo. Hoy hago yo la foto... ¡Viva la originalidad!
Y Ramón aproximó la máquina y advirtió al asombrado fotógrafo:
-¡Vamos! Coja por la mano a la novia y sonría con ilusión: La cara más alta... ¡Cuidado! ¡Así!... ¡Ya!
Ramón tiró la placa, y a continuación obligó al pago al fotógrafo; guardó los duros y salió con Silvia orondo y dichoso.
-¡Al auto! -mandó.
(Silvia ahora iba llorando)
-¡La cosa marcha! -susurró Ramón.

Al otro día trasladaban sus organismos a Irún. (Lo clásico, asimismo, tras una boda.)
Ramón no quiso subir al vagón con Silvia.
-Yo viajo con los maquinistas -anunció-. Voy a la locomotora... ¡Hasta la vista!
Y subió a la locomotora, y ocupó su actividad ayudando a partir carbón. Al arribar a Irún había adquirido un magnífico color antracita.

Ya allí, compró sus harapos a un sordomudo andrajoso, vistió los harapos y marchó a la fonda a buscar a Silvia.
Y tocado con las ropas andrajosas anduvo por Irún, acompañando a Silvia y cogido a su brazo mórbido y distinguido.
Nutrido público los miraba al pasar, asombrado.
Silvia sufría cada día más.
-¡La cosa marcha! ¡La cosa marcha! -murmuraba todavía Ramón. Pronto rogará Silvia un divorcio total. Sigamos las burradas. Sigamos con la droga antimatrimonial, multiplicando la dosis.
Ramón vistió a continuación sus fracs más maravillosos, y al pisar un salón, un dancing u otro lugar público acompañado por Silvia, imitaba a los criados, y con un paño al brazo acudía solícito a todas las llamadas.

Una mañana pintó sus párpados con barniz rojo.

Por fin lo trasladaron al manicomio.

Y Ramón asistió a su propia dicha: su contrato matrimonial yacía roto y vivía imposibilitado para otra boda con otra Silvia...


ENRIQUE JARDIEL PONCELA


EL PARAGUAS

TIP.- Hay mucha gente que por hipocresia o ley motiv, no saben lo que es un paraguas.
COLL.- ¿Es posible que no sepan lo que es un paraguas?
TIP.- Si no lo saben, es por hipocresía o por ley rnotiv.
COLL.- EI invento del paraguas, según los franceses, se debe...
TIP.- Se debe pagar
COLL.- Una vez pagado, según los franceses se atribuye a Monsieur Paraplí.
TIP.- ¿Para qué?
COLL.- Paraplí
TIP.- ¿De cuántas partes se compone el paraguas? El paraguas se compone de... a saber. La parte. de abajo, llamada puño, porque el puño no se puede poner para arriba.
COLL.- Porque si se pusiera para arriba, el agua caería en su interior. Observen. (Se pone a hacer la demostración con una regadera. Se llenará el paraguas de agua, seguramente)
TIP.- Claro que si empieza a llover cuando el paraguas está lleno, es prácticamente inservible.
COLL.- Otra de las cosas más importantes del paraguas es la tela. Porque un pararaguas sin tela es como un pobre.
TIP.- (Cuchufleta). Claro, al no tener tela, ¿comprenden?
COLL.-Y si el paraguas no tiene tela, vean lo que pasa. (Puede abrirse un paraguas que solo tenga las varillas) (Tip se sube a una silla y le echa agua con la regadera).
TIP.- Por lo tanto, insistimos, que la tela del paraguas es imprescindible, siempre y cuando no tenga agujeros.
COLL.- Porque si el paraguas tiene agujeros de tamaño exagerado, vean lo que pasa. (Coll abre un paraguas lleno de agujeros, coge la regadera y echa el agua sobre Tip con el agujereado).
TIP.- Hay paraguas de distintos tamaños. Paraguas mayores, paraguas menores y paraguas minerales, tales como el feldespato.
COLL.- El feldespato Donald.
TlP.- El cuarzo.
COLL.- EI cuarzo de baño.
TIP.-Y la mica. La Mikaela. gran cantante.
COLL.- Sin embargo la gallina ya es otra cosa. Es muy parecida al paraguas por el carácter.
TIP.- ¿Qué diferencia hay entre una gallina y un paraguas? Prácticamente ninguna Y el que quiera saber que vaya a la escuela.
COLL.- Pero hoy es domingo. las escuelas están cerradas.
TIP.- ¿Y tú que crees? ¿Que las gallinas están abiertas todos los días?
COLL.- Pues lo mismo que el paraguas ¿O es que el paraguas está abierto todo el día?
TIP.- Hombre, hay paraguas de guardia.
COLL.- Los guardias no llevan paraguas.
TIP.- ¿Y yo tengo la culpa de que no lleven paraguas los guardias?
COLL.- Los guardias qué llevan paraguas son los guardiamarinas.
TIP.- Lo que llevan los guardiamarinas son gallinas, para que no se mojen los barcos.
COLL.- ¿Qué quieres decir con eso, que un barco y un paraguas son la misma?
TIP.- No señor, los barcos van por encima del agua y los paraguas por debajo.
COLL.- Ah, ¿quieres hacerme creer que los paraguas van por debajo del barco? ¿Pero tú me has tomado a mi por una gallina?
TIP.- Yo lo que quiero demostrar, una vez y quede bien sentado... (Coll se sienta). Gracias...es que la única manera de librarse de la lluvia es con el paraguas agujereado.
COLL.- No colijo.
TIP.- Pues, Coll-hijo, la cosa está clara. Mira, (Coge el paraguas de agujeros y echa agua, encima). Si llueve, el agua se mete por los agujeros, y tú te quedas fuera. ¿Ves, me mojo yo, me mojo yo?
    (Bronca enorme de Tip a Coll)
    (Coll se queda serio)
COLL.- (Aparte). Lo tengo dominado.