miércoles, 21 de mayo de 2008

No tengo casa a la que volver. Miriam Reyes

No tengo casa a la que volver

ni esperanza de la que colgarme

por eso camino.

Las casas se derrumban a mi paso

la tierra es una alfombra de escombros.

Me detengo a admirar la belleza de las palas mecánicas

los movimientos de las excavadoras me erizan de deseo.

De noche las contemplo:

los perfiles inmóviles de las palas

descansando sobre el cielo azul cobalto

al lado de la luna de luz nacarada

son aún más hermosos que los brazos de los hombres que las manipulan

y las excavadoras

con sus enormes bocas abiertas y llenas todavía

de tierra y escombros

parecen enormes animales muertos.

Mis padres me enseñaron a no tener nunca nada.

Ellos me enseñaron a no volver nunca a casa

a no decir nunca esta casa es mía

aquí me quedo yo

en este lugar que amo.

Cierro la puerta y no necesito mirar atrás para saber

que la casa ya no existe más.

En ninguna parte sin hablar con nadie estoy

pero si nos cruzamos

puedo enseñarte a caminar sonriente sobre la desolación.

3 comentarios:

Joseba M. dijo...

¡Joder (con perdón), qué hermoso poema!
«...caminar sonriente sobre la desolación...» uffff
Gracias...

Hilvanes Y Retales dijo...

Jajaja!!! Cuánto vales Joseba!!!! Estoy descubriendo a Miriam Reyes y es IMPRESIONANTE. Recomiendo sus libros: Bella Durmiente y Espejo negro.

Apostillas literarias dijo...

Conocí a Miriam Reyes a través de Lourdes, del blog Cajón de Sastre, y me gustó su poesía, la desconocía. Que bien verla también aquí.

Sin embargo, tiene poemas muy fuertes, tristes, como éste. Pero bueno, eso no le quita su belleza.