lunes, 15 de octubre de 2007

Feliz cumpleaños, Enrique!



Querido Enrique:

Hoy es tu 106 cumpleaños. Tú que decías en tu retrato que morirías joven!!! Físicamente se cumplió. Si quieres tener un cadáver bonito, muere joven. O para tener un rostro pálido desayuna rápido.

No sé porqué todos conocemos el Retrato de Antonio Machado y el de su hermano Manuel, pero pocos conocen el tuyo, tan vital, tan original, tan lleno de ironía y ese humor sarcástico, sutil, fino que te caracteriza.

Retrato al pastel (de hojaldre)

Nací armando el jaleo propio de esas escenas;
me bautizó la Iglesia con arreglo a sus ritos,

y Aragón y Castilla circulan por mis venas
convertidos en rojo caldo de eritrocitos.
¿Cuál de las dos regiones pesa en mi corazón?

Es difícil hallar la clave del misterio...
Tal vez pesa Castilla cuando me pongo serio,
y cuando estoy alegre, tal vez pesa Aragón.
A semejanza de otras diversas criaturas,
me eduqué en el temor del Dios de las Alturas;
pero perdí el temor —o la fe— que es lo mismo,
cuando, en años después, practiqué el alpinismo.

Escribo, porque nunca he encontrado un remedio
mejor que el escribir para ahuyentar el tedio,
y en las agudas crisis que jalonan mi vida
siempre empleé la pluma como un insecticida.
Fuera de las cuartillas, no sé de otro nirvana.
No me importa la gloria, esa vil cortesana

que besa igual a todos: Lindbergh, Charlot, Beethoven...
Y no he ahorrado nunca, pensando en el mañana,
porque estoy persuadido de que he de morir joven.

Morir a los 50 años es morir joven, sobretodo hoy día. Quizás no lo fuera tanto en 1952. Hay quien cree que te dejaste morir, que te pudieron los ataques y las críticas que en los últimos años sufriste, lo cual, obviamente, te llevo a la pobreza. Tu muerte prematura la comparo con la de Lorca (las circunstancias no fueron las mismas), pero si hubierais o hubieseis vivido hasta los 83 años, ¿hasta donde habrían llegado vuestras obras tan prolíficas y llenas de infinita sabiduría, inteligencia? Nunca lo sabremos.

Combatir las tristezas de la vida con insecticida. Es buen consejo. Solo los inteligentes combaten así las crisis monetarias, existenciales, religiosas y resto de devaneos mundanales que nos invaden a los mortales.

Querido Enrique, tampoco soy capaz de pasar por estas cuartillas sin hacer una comparación entre los escritores de mediados de siglo y los escritores actuales. Me explico. Antes el escritor se hacía a sí mismo; la miseria y la soledad, eran circunstancias que afinaban las dotes para la literatura. Os dedicabais en cuerpo y alma al cultivo de la pluma, o del pincel en el caso de los pintores o de la partitura en el caso de los músicos, y vuestro genio era ilimitado y magistral. Sin embargo, en estos días de oropeles y destellos luminosos, que hacen una vida más sencilla y menos lleno de penurias (tenemos nuestras penas y problemas, pero son otros y no vienen al caso) Será necesario una vida extrema para ser genio?.

Tu muerte en la pobreza como tu retrato auguraba y la vida de excesiva abundancia de determinados “escritores” me llena de indignación contra esta economía de libertad de mercado, globalizadora y destructora.

Eras Trabajador infatigable o adicto al trabajo? “En el trabajo soy constante, igual que «Macías, el enamorado». Rara vez se pone el sol sin que haya escrito algo. Escribo al mediodía, y a veces, también por la tarde, y a veces, también por la noche”. Y con la chispa de bohemia-rareza que a todos los genios abrillanta por igual trabajabas “ (...) siempre en los cafés, pues para trabajar, necesito ruido a mi alrededor, y en ese ruido me aíslo como el pez en la pecera”. De esta rara forma de escribir destaco la anécdota del sobrenombre que pusieron al restaurante de los estudios de Hollywood, donde acudías a escribir por falta de cafés al estilo español: Poncella´s Office.

Quiero imaginarte sentado en aquella mesa siempre al fondo, como aquellas que utilizó Cela en La Colmena, de mármol con sus patas de forja, toda ella llena de panfletos, lápices, cuadernos, ...., y el café con leche “me siento capaz de ingerir hasta nueve cafés diarios sin que mi sueño se vea turbado por otra cosa que no sea la llegada del correo de las doce. Duermo con la tranquilidad de los justos y de las marmotas, y el sueño me produce dos efectos curiosos: me pone de mal humor y me ondula el pelo” (Retrato físico. Amor se escribe sin hache.) “Llego a un café soleado y tranquilo. Extiendo las cuartillas. Me sirven el café. Tomo un sorbo. Está estupendo. Sabe a Sidol, pero está estupendo. Enciendo un cigarro.¡Ah! Fumar ... ¡qué delicia!. Debo tener los pulmones hechos un cisco, pero ¡qué delicia! ¡Ea! Al trabajo. ¡Venga, a ver ... la estilográfica! ... Y las cuartillas se van llenando, con el optimismo supremo de la tinta azul sobre el papel blanco y satinado. ¿ No hay razones para ser feliz?” (El humorismo. Amor se escribe sin hache).

Por cierto, tú que ibas siempre con un bote de pegamento para tus correcciones, te habría gustado el invento de los postit, ya los hay de mil colores y tamaños, ahora tus folios estarían llenos de notitas sin necesidad de pegar tiras de papel.

Claro, tanto café, es normal que al final de Amor se escribe sin hache, hagas una relación de todos los cafés consumidos durante los 96 días que te llevó su escritura: 112 cafés, que al precio medio de 80 céntimos, hacen un total de 90 pesetas con 60 céntimos. A lo que hay que añadir el 20 por 100 de propinaje, dando un resultado de: 99 pesetas; “lo que prueba que la literatura no es un deporte caro”. ¡Olvidaste darnos el precio del medio litro de la tinta empleada!!!!!

Siento nostalgia por la ya extinguida cultura de los cafés. Observo a la gente y las mesas llenas de personas solitarias, nadie conoce a nadie, nadie sabe de las costumbres de los demás, de sus gustos, de su inquietudes.

“Amor, la mejor pasta para limpiar cristales”.

Hay personas que no tienen suerte en el amor, como otras no lo tienen en el juego. Eras misógino o fue un desengaño amoroso de esos que decías no podías tener ya que necesitabas entero el corazón para la circulación de la sangre?

“Era efectivamente una mujer espléndida. Alta, aguda, rotunda, vibrante (la personificación de un pasodoble). Vestía aquella noche un traje blanco con rayas grises transversales, y su delgada esbeltez hacía que, vista de lejos, pareciese una corbata. Sus piernas tenían la delicada y suculenta forma que provoca, a la vista de algunas piernas, el deseo de chuparlas después de haberlas mojado en chocolate «Suchard». Había en su piel reminiscencias de la seda croata, y los labios se le rasgaban al reír en un esguince que ponía enfermo al espectador. En cuanto a su pelo, rizado y negro hasta la furia con algo de endrino y caduco, estaba irisado por una incandescencia que no era más que electricidad perenne”.

Yo no creo ninguna de estas teorías. Me aferro a que eras adicto a la soledad. Como tantos otros genios. Me gusta tanto la dedicatoria en amor se escribe sin hache, que te descubre como un Enrique enamorado, tierno y melancólico:

“A la maravillosa y exquisita «Nez-en-l’air», cuyo perfume predilecto he comprado muchas veces para poder recordar en la ausencia sus ojos melancólicos.

En recompensa a cuanto la hice sufrir; como recuerdo a aquellos días felices en que vimos amanecer juntos, y para que al leer este libro en alguna ciudad remota vea que no he olvidado mi promesa”.

"Hay dos sistemas de conseguir la felicidad: uno, hacerse el idiota, el otro, serlo". "Hay dos sistemas de conseguir la felicidad: uno, hacerse el idiota, el otro, serlo".

Descubrí tus libros a través de Eloisa está debajo de un almendro, obra de teatro donde criticas a determinada sociedad y sus formas de vida de un Madrid que rechazas, crítica perfectamente camuflada entre el sarcasmo, la ironía y el humor, fino y sutil que hilas, Madrid que no era el que tanto amabas y que en 1937 describías desde Buenos Aires como “la ciudad que tira de uno”.

Eloisa está debajo de un almendro:

“Irse a San Sebastián esta noche, justamente esta noche, que toca ladrones”

“La de los perros tiene una cabeza que es un carrousel”

“ Y tu padre, que hace veintiún años, el día doce de enero de mil novecientos diecinueve, a las cinco y tres cuartos de la tarde ....” que memoria la de esta mujer, ni el reloj de la Puerta del Sol afina tanto.

Angelina o el honor de un brigadier:

DON JUSTO: ¡Por aquí!

DON ELÍAS: ¿Usted cree?

DON JUSTO: SÍ. Del recinto en derredor, le digo que por aquí es por donde está mejor.

DON ELÍAS: Entonces, ¿subimos?

DON JUSTO: ¡Claro! Apoye aquí abajo el pie y suba en mí ... ¡Súbase!.. ¡Píseme usted sin reparo!

DON ELÍAS: ¿No le hago daño?

DON JUSTO: NO, nada.

(por encima de la tapia asoma DON ELÍAS, congestionado por el esfuerzo)

DON ELÍAS: ¡Ya estoy arriba, y me asombra! ..

DON JUSTO: Caramba, qué mala sombra, que esté la puerta cerrada.

DON ELÍAS: vaya que sí!

DON LUSTO (Ligeramente abochornado de lo que está ocurriendo) En realidad, entrar en un cementerio por la tapia es poco serio, Don Elías.

DON ELÍAS: Es verdad.

DON JUSTO: ¿por qué han cerrado el portón?

DON ELÍAS: Por aquí, de madrugada, no viene nadie a hacer nada.

DON JUSTO: En eso lleva razón.

DON ELÍAS: Sí que ha sido una ocurrencia.

DON JUSTO: Nunca me vi en estos trances, y eso que yo, en mi existencia, he asistido a bien de lances...

DON ELÍAS: Nada, Don Justo, paciencia!

(...)

RODOLFO: Hablando del ruin de Roma ... ¡Señores, aquí estoy yo!

TODOS SE ASOMBRAN DE VERLE DENTRO DEL CEMENTERIO SIN HABER TENIDO QUE SALTAR LA TAPIA.

DON JUSTO: Pero, ¿por dónde has pasado?

RODOLFO: Por la puerta.

DON MARCIAL: Nosotros no hemos hallado, al venir, la puerta abierta.

RODOLFO: Pero ¿la puerta del centro?

DON JUSTO: Sí,

RODOLFO: Lo que les ha pasado, sin duda, es que han empujado, queriendo abrirla, hacia dentro y, al no hacerlo, han renunciado, sin reflexionar siquiera en que se abre para fuera, que ha sido como yo he entrado.

DON MARCIAL, DON JUSTO Y DON ELÍAS SE QUDAN MUY FASTIDIADOS DE LA EXPLICACIÓN.

(...) (la escena siguiente corresponde a un duelo de armas)

DON JUSTO: ¡Señores! ¡Hay que apuntar!! ¡ Se me han llevado un pedazo de chistera de un balazo!

RODOLFO: ¡Caray! Pues tiran a dar ...

DON JUSTO: ¡Juro que en mi vida he visto disparar de esta manera! ¡¡Si en vez de llevar chistera llevo boina, ya no existo!!

RODOLFO: ¿A ver? ... Tenía siete reflejos y ya sólo tiene seis...

Un marido de ida y vuelta:

GRACIA: Hay algunos hombres que al morir tienen que ir al Cielo y Pepe es uno de ellos.

LETICIA: ¡Dios Mío! Entonces, ¿me lo voy a encontrar también allá?

GRACIA: No. Porqué tú no irás allá.

LETICIA: Ah! Él, sí y yo, no! Y Pepe, ¿Por qué ha de ir? ... ¿Por sus virtudes?

GRACIA: No. Por tus defectos.

:::

LETICIA.: Amelia, ¿a ti te parece que tengo muchos defectos?

AMELIA. A mí me parece que no. Pero de mi opinión no se fíe la señora, porque yo cobro un sueldo en la casa.

PEPE: que no entre el médico, que quiero morirme de muerte natural.

ELÍAS: Me ha advertido que quiere saber si es seguro que va a ir, porque ha pedido un vaso de leche, y si es seguro que va a ir el espectro del señor, dice que se lanzaría a pedir un bollo.

Pero ... ¿hubo alguna vez once mil vírgenes?

El protagonista.- Pero ... ¿hubo alguna vez once mil vírgenes?

El Lector.- Hombre ... ¿Y por qué no? Pudo haber once mil vírgenes de la misma manera que hubo doce apóstoles, y diez mandamientos, y siete plagas, y cuatro evangelistas...

El protagonista.- Pchsss... NO es lo mismo. El mundo se repite de un modo inexorable. Fíjese uste en que apóstoles ha seguido habiendo, por ejemplo, Carlos Marx, Tolstoi, Giner de los Ríos. Evangelistas todavía nace: Lenin y Gandhi, sin ir más lejos... Mandamientos se pronuncian a diario: ahí están las leyes de circulación de automóviles, continuamente renovadas... y plagas, aún disfrutamos: los libros sobre Rusia, el cante flamenco. Pero ... ¿vírgenes? Vírgenes ni una sola, amigo mío....

El lector.- (rebuscando entre sus amistades) .. Una virgen... Una virgen ...Una virgen

El protagonista.- Y usted convendrá conmigo en que alguna virgen quedaría si hubiera habido alguna vez once mil ...

Los 38 asesinatos y medio del Castillo de Hull:

Donan Coile nos hizo creer a todos que Sherlock Holmes murió cuando cayó desde en las cataratas del Niágara. Circunstancias que todos creíamos hasta que en 1925 fuiste a Londres a que te plancharan un sobrero flexible y como el sombrerero tenía encargo de la Cámara de los Lores de reformar veintidós chisteras de seis reflejos, lo que hacían un total de ciento treinta y dos reflejos refomables y como en aquel momento no sabías de Londres sino que el Támesis lo atraviesa, te fuiste a dar un paseo por las ciudad. Ya en Hyde Park, elegiste un banco orientado al mediodía que tenía un único ocupante, y tras pasar cinco minutos y dos aeroplanos, el único ocupante preguntó “Caballero, ¿no me conoce? El único ocupante resultó ser Sherlock Holmes.

“-Fue un falso rumor- me explicó lacónico- Caí, en efecto, en las cataratas del Niágara, pero no me ahogué; no me hice más que mojarme.

-¿Y cómo salió usted del agua?

-Chorreando. Ya se lo puede usted figurar.

-Pero ¿luego?

-luego me sequé.

-Excelente idea.

- Y como, además, me encontraba ya agotadísimo y había en el mundo varios individuos decididos a impedir que yo siguiera respirando oxigeno, resolví conformarme con parecer muerto, como se me creía, y he vivido varios años retirado en una aldea de Sudamérica. La vida del campo y el acento argentino me han devuelto nuevamente energías; mis enemigos más rencorosos yacen ya bajo tierra, con una lápida en la que se lee la inscripción clásica de “R.I.P. Se venden fosfatos” , y, en suma, me encuentro dispuesto otra vez a frontar los azares de mi gloriosa profesión.” Y tras solicitar Holmes al autor su colaboración como ayudante para resolver un caso, se dirigieron rumbo al castillo de Hull, propiedad de Lord Carddigan quien “tiene tres hijos: Silvia, Leticia y John. La primera cuenta treinta años menos que su padre, la segunda, doble edad que su hermano pequeño, y éste, es decir, John, la cuarta parte de años que Silvia.

- Entonces – dijo Holmes- lord Carddigan acaba de cumplir los setenta años.

- Justamente, en marzo.

- Y John tiene diez añso; Leticia veinte y Silvia, cuarenta...

- Eso es- aprobó Molkestone, aterrado de la velocidad mental para el cálculo que denotaba Sherlock Moles- . ¿ Cómo lo ha deducido tan pronto?

- Era fácil. Bastaba multiplicar tres, que son los hijos, por el logaritmo de pi, que son tres catorce dieciséis, dividiendo el resultado por el número de años que hace que lady Carddigan murió de parto. Sumando la edad de la muerta al total y deducido el tiempo que lord Carrdigan se dedicó a la política, he obtenido la edad de John. Para saber la edad de Leticia he doblado la del hermano; y para saber la de Silvia, he restado la suma de los años que tienen Leticia y John de la ffecha en que se casó lord Carddigan, que, si no recuerdo mal, fue el 13 de julio de 1885. como ve usted, el cálculo no era demasiado complicado. Tenga usted en cuenta que yo, una vez por distraerme, calculé la edad de los cien mil hijos de San Luis y solo me equivoqué tres meses en el más pequeño...”

Pero quien quiera saber quién era el asesino, dónde estaba Eloisa, porque amor ser escribe sin hache, si alguna vez hubo once mil vírgenes, qué ocurrió con el honor del brigadier, porqué un marido puede ser de ida y vuelta.... solo puedo remitiros a las ínclitas páginas de Jardiel Poncela porque son las 14:30 del meridiano de Greenwich, más Greenwich que nunca y la sopa se enfría....

Feliz cumpleaños Enrique, donde quiera que estés!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Posscriptum: en el bar de la esquina Juanjo y yo te esperamos para tomar un café a eso de las cinco de la tarde.

3 comentarios:

pies diminutos dijo...

En realidad, es verdad, parece mentira que estudie Filología Hispánica, especialidad Literatura, pues nunca había visto un retrato de Jardiel Poncela (gracias!)pese a haber leído y analizado algunas de sus obras.

Es uno de los grandes y nunca pasará de moda.

Besos!

CEci dijo...

Buenos días! Paso por aquí para avisarte de que acabo de cumplir con el encargo de hace dos meses. Por fin he escrito el "post" sobre Salinger y su "Guardián". Espero que el otoño marche bien.
Besos

pies diminutos dijo...

Por cierto, espero que no te importe que te haya enlazado en mi blog. Besos!