No entiendo la extraña relación que se origina en mi mente, pero desde adolescente, tiendo a identificar a mi tío Antonio con Antonio Machado.
Acabo de recordar mi asociación mientrás hacia una apostilla a PrincipedeArroyoluche, a quien Vila-Matas no enlaza.
A mi tampoco, que conste.
Mi tío Antonio era un señor mayor. Vestía traje de chaqueta oscuro, bastón y sombrero. Al igual que Machado.
Siempre me preguntaba si mi tío hubiera tenido hijos, cómo habrían sido. Yo solo sabía imaginarmelos las personas más inteligentes del mundo.
Y muy serios, como su padre.
Mi tío Antonio, al igual que Machado, no tuvo hijos. Tampoco tenía hermanos. Pero sí tenía sobrinos.
Al menos estaba yo.
Estaba yo con mi inocencia infantil sentada en sus piernas, o cantando canciones que me inventaba para él y que tan pacientemente me consentía.
No recuerdo que me diera nunca dinero, ni chuches. Pero sí recuerdo el aprecio que siempre le tuve.
Y el cariño que en mis recuerdos perdura.
Mi tío Antonio posesía aquello que Machado cantaba a la encina: humildad.
Y con humildad aceptó que yo creciera y mi mundo cambiara. O que me lo cambiaran.
Sigo queriendo infinitamente a mi tío Antonio. Ese tío mío de la infancia, tan serio, tan humilde, que tanto se parecía a un poeta ...
