martes, 1 de julio de 2008

La mujer ventanera

"Los mayores acontecimientos de mi vida han sido ciertas ideas, algunas lecturas, determinadas puestas de sol en Trouville a la orilla del mar, y conversaciones de cinco o seis horas seguidas con un amigo que ahora ya he perdido porque se ha casado"

El Loro de Flaubert.

Julian Barnes

"Todo se mueve, fluye,

discurre, corre o gira;

cambian el mar y el monte y

el ojo que los mira"

A orillas del Duero. XCVIII

Antonio Machado


Este blog se abría con palabras de Carmen Martín Gaite y ha querido ser un cuarto de atrás para este loco mundo de la literatura. En este caso de una literatura muy particular; la literatura de la creo entender; de la que quiero entender y, por supuesto, siempre abierta a nuevos estilos y nuevos escritores.

Me permito utilizar nuevamente palabras de La Gaite. Y me permito utilizar palabras de Carmiña, no solo porque ella me lo habría permitido ya que entendía la literatura como algo abierto, un mundo de fantasía donde todo era posible: “ la ventana es el punto de referencia de que se dispone para soñar desde dentro el mundo que bulle fuera, es el puente tendido entre las orillas de lo conocido y lo desconocido, la única brecha por donde puede echar a volar sus ojos, en busca de otra luz, que contrasten con éstos”.


Peter Pan (Carmen Martín Gaite)

No quiero más paredes,

más mantas ni jarabes,

yo sé lo que me cura y lo que no,

respirar de otro modo necesito.

Ahora mismo podría,

si tú me dieras fuerzas,

oh hermano Peter Pan,

saltar desde la cama hasta el balcón,

del balcón a la torre de la iglesia,

donde los monaguillos ya se aprestan

a iniciar un tañido

que nunca es aventura.

¡Oh, el riesgo de salir,

arrebujada en camisón liviano

a conjurar la fiebre,

desafiando el frío de la tarde,

sobrevolando plazas y callejas,

ventanas que se encienden

y bultos de mujeres que acuden al rosario,

esquivar en zigzag el campaneo

de toda la ciudad,

abrirse al campo ignoto, sin paredes!

A.B. Márquez acudía a Doctor Esquerdo 43, 7º B (de vitamina), yo he acudido a los libros buscando a Carmen “cuando me encontraba desorientado, completamente perdido o triste o insomne o, por decirlo con palabras de Marta, de la Torci, cuando amenazaba “arrepío” o en medio del mismo”.

" “hoy es tan tiempo como ayer, mañana lloraré este día que no supe habitar” Gotas de tiempo, momentos destilados en el alambre de la boticaria, eso eran las “gotas de hada”, la realidad insignificante de los diarios, de la rutina y la vida cotidiana elevada a imagen significativa. Gotas de rocío en medio del desierto fueron para mí aquella noche las “gotas de hada”, aquellas palabras, las imágenes de unas cataratas de papel asomando entre las hojas del cuaderno, los consejos que el ayatollah Jomeini daba a la Torci, las voces de América clamando por un actor de cien que quería ser presidente, el temor de la libertad vista tan de cerca, el asesinato de John Lennon recordando el absurdo causal y casual de la vida y la muerte ... ese puñado de noticias, de memorias, de palabras, destiladas en el alambique de Calila me ayudaron a olvidar el arrepío, aquella noche que rematamos desayunando en un mercado de abastos, una vez se marchó la Lunatic.

Doy fe de las “gotas de hada”, creo en ellas del mismo modo que otros creen en Dios o en el Papa de Roma; igual que creo en la infusión de romero y tomillo con mucha miel para combatir el catarro, o igual que otros echan mano del orfidad, yo volví a hacer uso de las “gotas de hada” en muchas ocasiones. Aunque estuviera cerca o lejos o muy muy lejos de Madrid, no tenía más que hacer saber a Calila de mi necesidad y allí me llegaba en sobres, como el agua de litines, sus pequeños collages”.

A. B. MÁRQUEZ.